jueves, 18 de junio de 2015

El alma acorazada


                          
                             
           
    El alma acorazada


      Que me traspasen dardos: no habré de defenderme;
      Que me hiera cruel total indiferencia;
      Que los rostros, impávidos, al no reconocerme
      Pasen sin advertir siquiera mi presencia.


      Que el desamor se infiltre mientras el amor duerme
      Y que a la tolerancia azuce la pendencia;
      Que egoísmo y envidia me descubran inerme
      Y aun sin defensor me llegue la sentencia.


      Mas quiero hoy declarar, Señor, que no fui mala
      Pese a haber cometido dolorosos errores;
      Nunca me envanecí y jamás hice gala
      De lo que tal vez tuve, al pasar de mis días,
      Pues mujer, también madre, sé de santos amores
      Que acorazan el alma contra las villanías.


      Marilina Rébora

2 comentarios:

  1. Que poema, cuanta fuerza, esa parte del desamor se infiltre... me ha encantado, besos Di.

    ResponderEliminar
  2. Es muy buen poema.Sí, coincido con Patty... con gran fuerza.
    Muchos besos Di.

    ResponderEliminar