Que me traspasen dardos: no habré de defenderme;
Que me hiera cruel total indiferencia;
Que los rostros, impávidos, al no reconocerme
Pasen sin advertir siquiera mi presencia.
Que el desamor se infiltre mientras el amor duerme
Y que a la tolerancia azuce la pendencia;
Que egoísmo y envidia me descubran inerme
Y aun sin defensor me llegue la sentencia.
Mas quiero hoy declarar, Señor, que no fui mala
Pese a haber cometido dolorosos errores;
Nunca me envanecí y jamás hice gala
De lo que tal vez tuve, al pasar de mis días,
Pues mujer, también madre, sé de santos amores
Que acorazan el alma contra las villanías.
Marilina Rébora

Que poema, cuanta fuerza, esa parte del desamor se infiltre... me ha encantado, besos Di.
ResponderEliminarEs muy buen poema.Sí, coincido con Patty... con gran fuerza.
ResponderEliminarMuchos besos Di.