Compré sueños. Los hice míos. Y fue un grave error.
Compré:
Un almacén en una
esquina transformado en casa que no se construyó.
Una casa con jardín en un barrio tranquilo que no existía.
Un viaje a Londres juntos que cada uno hizo por su lado.
Un casamiento que no pudo ser por no concretarse un divorcio.
Una fiesta de “casamiento” que ni siquiera se empezó a
planificar.
Un negocio en el exterior que llevo dos años de separación y
que no resultó.
Compré todos estos sueños y más. Los creí posibles. Creí en un cambio. Creí que en algún momento yo dejaría
de ser la única en solventar gastos.
Yo lo único que quería era que no deje de mirarme, que me quite
una sonrisa todos los días, que me cuide. Y esto tampoco sucedió.
Ilusa de mí

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