lunes, 8 de agosto de 2011

Promesas Rotas

Tristeza. Profunda, dolorosa, constante, interminable. Parecía que nada podría acabar con ella. Noches de lágrimas, de insomnio, de libros sin leer, de películas sin ver. Días de ojos hinchados, de trabajo automático, de desaliento, de bronca. Nada ni nadie podría hacer que  creyera. La “vida” la había decepcionado. La pobre vida que no tenía nada que ver con lo que había pasado. No fue la vida quien la engañó. No fue la vida quien le quitó el sueño. No fue la vida quien rompió las promesas hechas. No fue la vida quien mintió.

Flaca, desanimada, enojada, desatendiendo a sus hijos,  trabajando a medias, peleándose con la vida. Así estaba . Luchando. Habiendo experimentado el alivio de estar sola y a su vez sintiendo el peso. Estaba rodeada de gente que la quería y la quiere, lo sabía y aún hoy lo sabe.  Su hijo y su hija que crecieron de golpe; sus padres que la defendían incondicionalmente; sus hermanas que la escuchaban; su hermano que si podía pegarle al culpable lo hacía, su abuela que primero rezó para que el matrimonio se arregle y después resignada prendía velas para que ella encuentre un buen muchacho, su tía abuela soltera que rezó por ella, las amigas y amigos (los que siempre quedan de un lado o del otro), la gente del trabajo que  respetaban su intimidad. Pero a pesar de toda esta gente maravillosa que la rodeaba  estaba sola en su lucha.... (Continuará?)

2 comentarios:

  1. Triste historia. Estoy seguro que se van a arreglar. El tiempo, los rincones ocultos del corazón, los llamados del silencio, todo lo pueden. Suerte.

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