¿Cómo podría darle un último beso? ¿Cómo podría decirle que todavía la amaba? ¿Cómo? ¿Cómo? A través de su ventana vió las hojas temblar, murmurandole la respuesta: el Viento, el motor de miles de barcos,el roedor de montañas gigantescas,el líder de enfurecidas tormentas... él sería ahora su mensajero. Cerró los ojos. La vió. Y desde la distancia, le entregó al viento su misiva en un último suspiro eterno.
El viento tomó ese tesoro y comenzó la larga travesía hacia sus labios.Cuidadoso,con miedo a perder el preciado encargo, avanzó suave y lento como briza.Esquivó árboles,sobrevoló valles, navegó ríos. Pero el beso comenzaba a desvanecer.La briza se transformó en una ráfaga y se elevó, evitando montañas y a través de las nubes, llevando consigo ese último deseo. Pero el beso desvanecía. El viento aumentó su fuerza, corriendo de prisa a su destino,atropellando cuánto se ponía en su camino.Atravesó la ciudad soplando lluvia, destrozando paraguas,cortando cables, derribando ramas...
Hasta que llegó.
Trepó al septimo piso y quiso entrar.No podía.Las ventanas cerradas le cortaban el paso y el tiempo se acababa.Buscó.Esperó.Observó.Una niña abrió una ventana. Y el viento frío embistió, entró al dormitorio,dobló por el pasillo,siguió hasta la cocina donde estaba ella.La envolvió y depositó el beso en sus labios...
-¿Qué te pasa, mamá?-preguntó la niña.
-Eh?... No,nada. Sólo el viento.
(Traducción de una composición de N.Bence)
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